El pasado veintiséis de octubre de dos mil tres, el Excelentísimo Ayuntamiento de Guarromán, Jaén, concedió el premio  Olavide a la Cooperación  2003, dentro del seminario "Margarita Folmerín" a la Asociación Amigos del Sahara Libre de la Provincia de Jaén, es decir a nuestra asociación.

    El  premio lo recibió, en nombre de nuestra ONG de ayuda al Pueblo Saharaui en el exilio nuestro Presidente, don Francisco Gutiérrez Fernández, el cual disertó sobre  la ceremonia del té, discurso que pasamos a presentar a continuación:

       

        Sras y Sres muy buenas tardes, en nombre

del pueblo saharaui y en el nuestro propio,

muchas gracias por tan distinguido

nombramiento.

        La ceremonia del té, que el pueblo saharaui

repite sin límites de tiempo, es toda una alegoría

de su vida marcada por un paisaje que la cerca,

condiciones y conforma. Un paisaje de líneas

paralelas, fronteras de tonalidades implacables

que no saben si temen o desean unirse en algún

momento aunque solo sea para intercambiar

rigores.

 

 

 

EL PRIMERO AMARGO COMO LA VIDA MISMA

    El desierto donde se asientan los campos de

refugiados del Sahara no es un desierto que

prometa aventuras, que te colmen de imágenes de

esplendor y grandeza.

    Pedregoso y polvoriento, sin alivios de oasis

algunos, nos pintan con su trazo inmenso de

horizontes perdidos, la amargura de unas

 condiciones de vida que parecen mentira que

puedan ser soportadas por seres humanos.

 

 

EL SEGUNDO DULCE COMO EL AMOR.

Sólo el amor ha podido crear vida fecunda en el Sahara. Darle forma y color al adobe y a la lona que había que cobijarla. Robarle los colores a un arco iris inexistente para regocijar sus moradas e iluminar los rostros morenos y los ojos profundos de su gente.

Siembran y recogen hospitalidad y cariño abriendo sus puertas, cubriendo lo hostil de la tierra en que se asientan. Comparten ancianidad, juventud, madurez y niñez dando y recibiendo al alimón.

 

EL TERCERO SUAVE COMO LA MUERTE.

El cielo infinito y lejano del Sahara no es un cielo protector. No es el que promete una vida mejor o el paraíso perdido.

Quizás en su inmensidad y belleza parezca  ofrecer algo así, pero su mismo trazo, irremediablemente paralelo a la tierra, aleja cualquier esperanza proveniente del firmamento. Y hace imposible las promesas centelleantes de las estrellas.

 

UNA PAZ POSIBLE.

Hasta el olor del mar, o simplemente presentirlo, supondría un resquicio para la esperanza y la justicia.

Los tres tés, que hacen y rehacen para alimentar sus sueños, para hacer crecer como la espuma, que parten y reparten sus ideas, sus deseos de ser pueblo, se agotan en su propia repetición.

Las múltiples caras que los saharauis han dado a una paz posible se van cubriendo, anegadas por la injusticia, la desidia y los ataques, con la tremenda máscara de la guerra inminente.

Sirios y Troyanos les niegan el pan de su tierra y la sal del mar, que es suya.

En el Sahara ya conocen a su gente buena de Guarromán.

MUCHAS GRACIAS.

Fco. Gutiérrez Fernández